LA MUERTE PUEDE ESPERAR

Un día, de esos en los que piensas en dejar de respirar, me tapé la nariz. (Este truco me lo enseñó mi amigo Gerardo, una noche que le dio hipo).  Mientras esperaba para morirme, pensé lo que pasaría con mi blog, con mis correos bonitos, con mis e-mails amenazadores, con mis nombres falsos de voyeur, con mis románticos comentarios...
Yo supongo que iré al cielo o al infierno pero ¿dónde está el cibercielo y el infierno online?
Pensé hacer como unos amigos, Antonio y Constancio, que cuando se marchan a Lloret, van dejando llaves de su casa a todo el que vive  muy cerca, cerca, y no tan cerca. Sin embargo, aun no he encontrado a nadie, de confianza, para dejarle mis contraseñas. Así que, la muerte puede esperar.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARÍS

DOS AÑOS DE BLOG

EL VERANO QUE VIVIREMOS PELIGROSAMENTE JUNTOS