DESAHOGO

El acero fundido comenzó a derramarse por la sien y la templanza viscosa le proporcionaba un placer que rozaba el masoquismo. 
Delante,  una pantalla invisible que proyectaba la existencia, todo aquello se lo había perdido intentando hallar la fórmula para abandonarlo. 
Y así, buscando palabras para explicar, encontrando letras que nadie entienda, fue como llegó a una asignatura pendiente.
Mientras dormía, lo ideó todo, y lo inventó tan bien que mereció la pena despertar y vomitarlo tal cual, sin anestesia; al fin y al cabo más que le había dolido a ella.
Al final no tuvo valor y continuó debatiéndose  en aquella especie de purgatorio que es la conciencia.

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